Más que un año, 2011 es, para el alperovichismo, una urna. Por eso, los problemas de los tucumanos no son los del Gobierno que, por estos días, no se ocupa de aquellas cuestiones que preocupan a sus gobernados. Lejos de la inflación real, de la amenaza del dengue, de la epidemia de inseguridad, de la pobreza endémica o de la hipertensión fiscal, la mesa chica política del oficialismo (José Alperovich tiene varias mesas chicas) se ha trasladado a República Dominicana, para seguir trabajando sobre las consecuencias de la decisión tomada por el mandatario respecto de una opción que, hasta el momento, no se le había presentado.
En rigor, Tucumán es una tierra donde diferentes gobiernos han ejecutado tantos experimentos desnaturalizadores de la voluntad popular expresada mediante el voto que ahora se presenta, tanto al oficialismo como a la oposición, una disyuntiva que, en cualquier Estado que goce de cierta normalidad, parecería casi disparatada. Sin más, habrá que elegir si el 28 de agosto se quiere contar votos o si se quiere contar cargos electivos.
En cualquier distrito más o menos serio, una cosa equivaldría a la otra. Pero la democracia pavimentadora ha creado el régimen de acople, que aporta al sistema electoral una claridad similar a la del alquitrán. Sintéticamente, la espantosa Ley de Lemas establecía que la cantidad de sufragios que obtuviera la fórmula de gobernador y vice que ganara los comicios representaba la cifra a partir de la cual se distribuían las bancas parlamentarias. Así que los sublemas competían entre sí porque los escaños conseguidos por el binomio se repartían entre las listas que habían conseguido más sufragios. Eso ya no rige. Como cada acople es un partido, las listas de legisladores están desenganchadas del binomio: las intenciones obtenidas por los candidatos al Poder Ejecutivo sólo cuentan para ellos. Por aparte, cada nómina deberá conseguir sus propios votos para obtener un pupitre en la Legislatura.
Esto se traduce para el oficialismo, en términos comiciales, en que todos los partidos que lleven a Alperovich como candidato a gobernador le sumarán votos a él, y que se arreglen como puedan para consagrar legisladores. Esto se aplica también para el PJ y su Frente para la Victoria: si no trabajan a destajo, perderán lugares a manos de los acoples del ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez. Es que el jefe del Ejecutivo ya tomó la decisión: quiere contar votos. Muchos. Más de 500.000, como refirió el jueves el columnista Marcelo Aguaysol. La razón es sencilla: Alperovich no quiere otra reforma constitucional ni tampoco quiere habilitar la reelección sin límite para los cargos electivos, según se lo dijo ya a este diario. Pero, como advierten sus colaboradores, si saca más de medio millón de votos, entonces va a ser "el pueblo" el que se lo estará pidiendo?
Ahora bien, multiplicar los acoples es bueno para el candidato a gobernador pero malo para los postulantes a legisladores, porque divide los votos para esa categoría. Y eso, en la lógica de un oficialismo convencido de que va a ganar, jugará a favor de la oposición si es que las fuerzas que la componen deciden que el 28 de agosto quieren contar cargos electivos. Es decir, si resuelven no conceder acoples (u otorgar muy pocos), para llevar listas fortalecidas por la unidad que les permitan sentar mucho más que los seis legisladores (para no entrar en detalles) que tienen hoy.
Pero si la posibilidad de que la oposición actúe con grandeza, entereza e inteligencia son estadísticamente escasas, el oficialismo también sabe que sus ocho años de gestión (y de arrodillado kirchnerismo) no han pasado sin desgaste. Algunos inquilinos de Casa de Gobierno se dicen a sí mismos, incluso, que habrá tucumanos que votarán al mandamás pero no a sus listas de legisladores porque querrán que haya más control de la gestión. En otros términos, la fortaleza de la gobernación se alimentó de la genuflexión parlamentaria. El gobernador es el lobo de su propio rebaño de parlamentarios.
A las brasas
En este contexto se dan las terceras vacaciones internacionales que Alperovich se toma durante este año que aún no tiene tres meses. El gobernador viajó, como acostumbra, con el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, pero se llevó también al ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, y al senador Sergio Mansilla (conocedor de Punta Cana). Y, según dicen los que se quedaron, los que abordaron el vuelo en Ezeiza lo hicieron con la sensación de que el viaje sería el "sana sana" con el que les iban a pedir cambiar las listas oficiales del Este y el Oeste (no están cerradas pero sí más o menos definidas). Modificarlas a fin de dar lugar a postulantes que "José" considera incondicionales. En dos palabras, alperovichistas puros.
De hecho, mientras Jaldo y Mansilla (cabezas de lista en el Este y el Oeste) buscaban sus pasaportes, el ex interventor del Instituto de Previsión y Seguridad Social, Mario Koltan, cepillaba el saco de candidato a legislador de la capital por la "lista oficial light" que liderará el secretario general de Gobernación, Ramiro González Navarro. Para el caso, semanas antes de partir, el jefe del Gobierno habría recibido a una legisladora que, a partir de un gravísimo problema familiar, habría acudido a ofrecerle su renuncia a la banca: el mandatario, afirman, valoró el gesto y le rechazó la dimisión, pero no le ofreció un cargo en las nóminas oficiales.
De Playa de Bávaro llegan rumores acerca de lo que se cocina. Algunos son rápidamente desmentidos en el Jardín de la Repavimentación. Por ejemplo, el de que se ofrecerá a "Pirincho" incluir a sus hijos Reinaldo y Edmundo en las listas oficiales del Oeste y del Este, respectivamente, a cambio de que deshaga acoples. En realidad, esa oferta (para el caso de Reinaldo) habría sido deslizada a mediados de 2010, pero se optó por reeditar el esquema de 2007: él será candidato por "afuera", secundado por Ramón "Nene" Sierra Morales. Acaso, otra prueba de que la pelea interministerial es un sainete donde unos actúan de buenos y otros de malos en el mismo juego: llevarle votos al gobernador.
Pero hay una receta de plato fuerte desde hace unas horas que le corta la respiración hasta a los oficialistas más conspicuos. De hecho, se formula como una pregunta porque ninguno se atreve a afirmarlo: ¿y si Beatriz Rojkés va de candidata a vicegobernadora? Se sazona con el hecho de que los veraneantes viajaron con sus esposas. Y con una pizca de una entrevista con LA GACETA en la que la senadora supo decir que se "veía" como una buena "número dos" del proyecto político.
La cuestión no pasa inadvertida para quienes la barajan. Para unos, tal posibilidad no es cierta. "José siempre dice: la Betty, en Buenos Aires", confiesa -casi susurrando- un frecuentador del despacho mayor. Para otros, la idea no es ningún disparate: responderían a la lógica de las encuestas. No faltan los que presienten una cortina de humo: una maniobra distractiva. Y están los eclécticos, para quienes es una manera de comenzar a presentarla y prepararla para la sucesión, en 2015.
El rumor, en todo caso, contribuye a confirmar que la reelección de Juan Manzur como vicegobernador está más cerca de frustrarse que de concretarse. Para el caso, ya sonaban como posibles reemplazantes Mansilla, Jaldo y hasta el monterizo Regino Amado (como lo precisó el columnista Fernando Stanich). Algo es seguro: nunca como ahora fue tan necesaria una ratificación de Alperovich de que el ministro de Salud de la Nación volverá a ser su compañero de fórmula.
Pero más allá de si el alperovichismo servirá sorpresas -o noen su menú electoral, las verdaderas incógnitas para los próximos comicios no pasan por allí sino por quienes lo enfrentarán. Ganarle a Alperovich es un escenario que los no alperovichistas no presentan como posibilidad ya ni siquiera en los discursos. Mucho menos en sus comportamientos. El día en que las urnas abrirán sus bocas se acerca. Pero los días pasan y el hambre de oposición queda.